La noticia sacudió el sur de Florida. La caída de Nicolás Maduro en Venezuela se propagó como un eco de libertad. Para muchos cubanos exiliados y emigrados, no solo fue Venezuela. Fue también Cuba.
La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses despertó un terremoto político. Entre alegría y miedo. Entre esperanza y cautela. La comunidad cubana en Miami (Pequeña Habana, Calle Ocho) observó el desenlace con el corazón en la mano.
La caída de Maduro: un símbolo para Cuba
En cafeterías como el Versailles, el café sabe diferente. Las conversaciones giran en torno a la libertad de Cuba. Muchos citan un lema antiguo: “Cuba libre”. Hoy lo mezclan con el grito venezolano de libertad.
Amparo Armendariz, cubana de 62 años, lo expresa así: “He esperado toda mi vida. Quiero ver libre a Cuba también”. Su voz es firme, desgarrada, urgente. Lo mismo se escucha en grupos de WhatsApp, en parques, en columnas de opinión improvisadas.
Para otros, la caída de Maduro es un espejo. Muestra lo que puede pasar cuando se derriba un régimen autoritario. Pero también recuerda la fragilidad de los procesos democráticos. Aquí el optimismo se mezcla con la incertidumbre.
Entre la esperanza y la cautela
La expectativa corre por las calles de Miami. Algunos ven en la operación contra Maduro un precedente. Un efecto dominó que podría extenderse al castrismo cubano. Esta percepción tomó fuerza tras declaraciones de políticos estadounidenses que sugieren un enfoque más duro contra los regímenes aliados en la región.
Pero la esperanza no es unánime. Hay voces que advierten: cualquier cambio impuesto desde el exterior puede traer caos.
La memoria histórica pesa. Los cubanos recuerdan décadas de intervenciones, crisis económicas y promesas rotas. La prudencia aparece como un mecanismo de supervivencia.
La economía cubana, a merced de la política regional
La relación entre Cuba y Venezuela fue estratégica durante décadas. Tras la revolución cubana, Venezuela proveyó petróleo y recursos vitales para la isla. Sin ese respaldo, la economía cubana enfrenta un futuro incierto.
Analistas consultados por residentes en Florida señalan que la caída de Maduro podría profundizar la crisis interna en Cuba. Más apagones. Más escasez. Más desesperanza. Pero también, quizás, más rechazo al statu quo.
Un grito de libertad para toda América Latina
En redes sociales y calles de Miami, cubanos y venezolanos comparten una misma consigna: libertad.
Las banderas se mezclan. Los recuerdos de una historia de exilio resonan. FIGURAS como Patria y vida, ¡Viva Cuba libre! y otras consignas históricas resurgen con fuerza.
Este momento plantea una pregunta crucial:
¿Puede la caída de un dictador abrir un nuevo capítulo para Cuba?
La respuesta aún está en los labios de quienes han esperado toda una vida.
Esperanza vigilante
En el sur de Florida, la comunidad cubana aplaude el fin de un régimen autoritario en Venezuela. Pero la mirada se vuelve hacia Cuba. La esperanza se mezcla con la cautela. La libertad deseada sigue siendo un horizonte.
Muchos repiten: “Si cayeron ellos, tal vez nosotros también podamos…”.
La historia de Cuba y Venezuela está entrelazada. Y sus pueblos, más que rehenes de gobiernos, son protagonistas de una búsqueda constante: vivir en libertad

